III. LA UNIVERSIDAD DE OCCIDENTE
Terminada la Revolución Mexicana, el general Ramón F. Iturbe llega a la gubernatura de Sinaloa, después de ganar en los comicios a sus oponentes, entre ellos al general Ángel Flores.
Sinnúmero de problemas enfrentó Iturbe por haber derrotado a Flores y no ser representante del carrancismo: levantamientos armados, desconocimiento como gobernador por algunos miembros de la legislatura y cabildos completos de algunos ayuntamientos. La situación política no llegó a mayores gracias a la intervención del general Álvaro Obregón.
En 1918 se encontraba dirigiendo el Colegio Rosales el doctor Bernardo J. Gastélum, quien había llegado a la dirección de la institución en 1913. Hombre consciente de su tiempo, durante algunos años estuvo madurando el proyecto de convertir al Colegio en Universidad, en un afán por modernizar la educación superior no solamente en Sinaloa, sino también en el noroeste de México, a través de la creación de una Universidad regional, cuyo modelo estudió en las universidades estadounidenses, incluso por encargo del propio Iturbe, a quien no le costó mucho trabajo convencer para que apoyara su proyecto por la amistad que los unía. Los tiempos de los colegios ya habían pasado. Particularmente el Colegio Rosales estaba entonces en plena decadencia, en todos los aspectos. El doctor Gastélum había nacido en Culiacán en 1889 y estudiado en el Colegio Rosales los estudios preparatorios. La carrera de medicina la cursó en Guadalajara.
Nace la Universidad de Occidente
El 14 de abril de 1918 se discute por primera vez en el Congreso del Estado el nacimiento de la primera universidad sinaloense. Al día siguiente, se abordó con mayor precisión el proyecto de Ley sobre la Universidad de Sinaloa, nombre original propuesto al parecer por el propio doctor Gastélum. Sin embargo, como desde un principio se pensó que la institución cubriera las necesidades educativas de la región del noroeste, se consensó se denominara Universidad de Occidente, con la intención de que en ella participaran económicamente Nayarit, Sonora y Baja California, ya que Sinaloa, por sí mismo, no podía sostener íntegramente una institución de esa calidad.
En cuanto a cantidades, los legisladores acordaron que Sinaloa aportara $50,000.00 anuales (el presupuesto del Colegio Rosales era de $30,000.00 |al año); Sonora, $30,000.00 y Nayarit, $25,000.00. Es decir, la Universidad de Occidente contaría con una subvención de $105,0000.00 por año, cantidad suficiente para tener en poco tiempo con una Universidad fuerte y vigorosa.
Antes los diputados salvaron la duda de si en Sinaloa habría maestros suficientemente capacitados para impartir clases profesionales en una Universidad de esa envergadura.
Por cierto, en esa sesión ya se hablaba de separar a la Preparatoria y a la Normal de la Universidad, con el fin de que cada una de ellas tuviera vida independiente. Inclusive en el primer artículo transitorio de la Ley 47 se especifica que la Normal sólo formará parte de la UO para "aprovechar los elementos científicos comunes a una y otra instituciones y por mientras el estado no puede sostenerla".
El doctor Gastélum tenía la visión de una enorme universidad regional, que fuera en cierta medida tan importante como la Universidad Nacional de México, en alumnos, en calidad educativa y en recursos. Universidad que tendría el carácter de consultora técnica para los gobiernos que quisieran consultarla, principalmente los participantes del noroeste mexicano. La rectoría sería rotativa entre las entidades federativas participantes, es decir, no sería exclusiva de los sinaloenses.
El 9 de mayo de 1918 la legislatura aprueba el decreto número 47 que contiene la Ley que organiza la Universidad de Occidente y le concede su autonomía, publicado por el gobernador Iturbe el día 15 del mismo mes.
El 31 de julio, por la mañana, el doctor Gastélum, en su carácter de director del Colegio Civil Rosales, envía al gobernador el informe anual correspondiente al ciclo escolar 1917-1918. Después de hablar sobre los logros y dificultades del Colegio, abordó el tema de la nueva Universidad:
Para complementar mejor nuestro sistema de enseñanza se concibió y después de algunas dificultades se elevó a la categoría de Ley, la transformación de este Colegio en Universidad; no veo ciertamente final más glorioso para este Instituto, que el concebido por ese Ejecutivo, y no dudo ni un momento, que esta nueva Institución llenará una misión más amplia que la de preparar a un individuo para las tres o cuatro profesiones que son por ahora el caballo de batalla de nuestros colegios. El bagaje de un hombre culto no lo constituye precisamente la posesión de un título y debemos esperar que merced a la nueva organización de los estudios, las inclinaciones individuales y las exigencias imperiosas de la vida, encontrarán mejor encauzamiento en las tendencias electivas que favorece el espíritu universitario.
La tarde de ese día, el doctor Gastélum realiza una reunión de la Junta de Profesores del Colegio Rosales, con el fin de analizar y aprobar el plan de estudios y los reglamentos Interior y del Consejo Universitario, de la naciente Universidad.
Tras una serie de candentes discusiones en torno al contenido y a la legalidad de admisión de los documentos (el doctor Gastélum propuso se admitieran sin los trámites de rigor, argumentando que los tiempos estaban encima, ya que la Universidad se inauguraría el 16 de octubre, al inicio del nuevo ciclo escolar), éstos fueron aprobados por votación dividida.
Durante la sesión el doctor Bernardo J. Gastélum fue electo rector y el ingeniero Enrique Peña Alcalde, vicerrector.
Al parecer muchos de los maestros no quedaron satisfechos con los resultados de la sesión de la Junta de Profesores, sobre todo por no haberse seguido los procedimientos legales, ya que estaban acostumbrados a largas sesiones de carácter parlamentario.
La situación se tornó más conflictiva cuando el ingeniero Peña, en su carácter de vicerrector, extendió nombramientos de profesores ayudantes a cierto número de catedráticos con el fin de integrar el Consejo Universitario, tal y como lo mandataba la Ley del 9 de mayo.
Por esa razón, la primera sesión del Primer Consejo Universitario en la historia de la hoy Universidad Autónoma de Sinaloa se convirtió en un verdadero polvorín.
Zanjadas finalmente las diferencias, se aceptó el primer Consejo Universitario que quedó integrado por el Dr. Bernardo J. Gastélum, Ing. Enrique Peña, profesor Manuel Hernández Ramírez, profesor Francisco Pérez González, Lic. Amado Bribiesca, profesor Alejandro Flores Ortiz, Antonio Canale, Gustavo Couret, Alfonso Domínguez, Ing. José Laguardia, Lic. José María Tellaeche, señorita Dolores Zepeda, Lic. Pedro Gonzalo Espinoza de los Monteros, Lic. Abelardo Medina y Díaz, profesora Mariana Valdés, profesor José Luis Valencia, profesora María de los Ángeles Echavarría, Lic. Jesús Inzunza y Juan de Dios Bátiz.
No asistieron a esa primera sesión: Gastélum, Medina, Inzunza, Juan de Dios Bátiz, Echavarría y Mariana Valdés.
El Consejo Universitario tenía facultades para realizar en todos sus grados la difusión de todos los conocimientos científicos, artísticos y literarios; dictar los planes de estudios de las escuelas universitarias y de todas las que dependían de la Universidad, así como expedir su propio Reglamento Interior; nombrar y remover a los profesores Universitarios y Adjuntos; expedir bajo la firma del rector y a propuesta de la facultad respectiva certificados, títulos y grados; decretar grado ad honorem en favor de quienes hayan prestado servicios eminentes a la humanidad y a quienes los merecieran por sus conocimientos; y elegir al rector y vicerrector, los cuales serían nombrados por las dos terceras partes de los consejeros (según el artículo 13), durarían en su encargo cuatro años y podrían ser reelectos.
Cuando el CU estuvo integrado por los Profesores Ayudantes (para serlo se requería el grado de bachiller), lo conformaban más de 30 profesores. Al ser integrado por los Profesores Adjuntos (se requería el título de licenciado), el número de consejeros se redujo a nueve. Nunca fue integrado por Profesores Universitarios, porque ni siquiera el rector y el vicerrector llenaban el requisito: tener el grado de Doctor (Gastélum era médico) en la materia que se enseñaba.