Sursum Versus: hacia la cúspideEl lema actual de la Universidad Autónoma de Sinaloa es Sursum Versus. Este lema surge en febrero de 1919, cuando el rector propuso en una sesión del Consejo Universitario se abriera un concurso para que los artistas de la localidad presentaran un proyecto sobre el escudo de la Universidad y los colores de la bandera, así como el lema que debería llevar el escudo.
En esa ocasión, el Ing. Juan L. Paliza propuso, después de una kilométrica argumentación, que el lema se inscribiera en latín y que tuviera un profundo contenido científico, acorde con los principios y postulados de la institución.
Don Epitacio Osuna, que estaba escuchando con profunda atención las participaciones en torno al asunto, expresa:
Yo desearía que en lugar de que el lema fuera en latín, fuera en castellano, para entenderlo perfectamente, pues hasta la fecha no sé lo que significa la palabra SURSUM que es el nombre de un periódico editado por los alumnos de este plantel.
El lema completo SURSUM VERSUS aparece oficialmente por vez primera, el 7 de agosto de 1919, en un oficio enviado al rector y firmado por los licenciados Pedro Espinoza de los Monteros y José G. Heredia, así como por el profesor José Luis Valencia y Juan de Dios Bátiz.
Hasta la fecha, nadie sabe cuando se le agregó VERSUS ni quién fue el autor de la idea original del lema universitario, que significa Hacia la cúspide. Posiblemente viene desde los tiempos del viejo Colegio Rosales.
En la Universidad de Occidente, por vez primera llega el concepto de escuela. En el Colegio Rosales, según el Plan de Estudios de 1874, la Ley que organiza y reglamenta la instrucción pública de 1881 y la Ley de instrucción pública de 1895, sólo se podían estudiar carreras, con la excepción de la Escuela Normal de Preceptores, anexa al Colegio, que nació en 1881 por iniciativa del doctor Ramón Ponce de León. ¿Como se formaba, entonces, académicamente a los profesionistas? Era una enseñanza directa de quienes ejercían la profesión. Es decir, el maestro tenía a su cargo los alumnos, era un tutor educativo.
Estructuralmente la Universidad de Occidente se dividía en dos facultades: la menor y la mayor. En la primera se obtenía el grado de bachiller y en la segunda los grados de licenciado y doctor. Las escuelas eran: la preparatoria, que se cursaba en cincos años; la de farmacia, la de derecho, la de ingeniería, la de comercio, la de oficinistas y la Normal. Las de comercio y oficinista eran carreras cortas, equivalentes a las que se estudiaban hace algunos años en las llamadas academias: secretariado y contador privado.
Cada una de las escuelas tenía al frente un responsable. Por ejemplo, la de Derecho estaba a cargo del licenciado José María Tellaeche.
La muerte de la Universidad de Occidente
Las vicisitudes económicas del gobierno del estado no permitieron que Ramón F. Iturbe cumpliera con los 50,000 pesos anuales aprobados. En realidad, el gobernador en lo que menos pensaba era en la Universidad, debido a la serie de problemas que enfrentaba con el gobierno federal y en particular con Álvaro Obregón y Ángel Flores, sus enemigos irreconciliables. Al acentuarse el conflicto, en diciembre de 1919 pide un permiso indefinido para ausentarse del cargo. El periodo de Iturbe lo concluyen cinco gobernadores; incluso uno de ello duró en el poder sólo cuatro días.
En ese lapso la Universidad tuvo serios problemas económicos. Tan mal andaban las finanzas en el gobierno del estado, que en enero de 1920 se entregó a la Universidad, en lugar de dinero en efectivo un pagaré mercatil por $10,000.00 que la señorita Adelina Orrantia había otorgado a la Tesorería General del Estado; meses más tarde la UO negocia este pagaré con un banco de Nogales, Arizona. En abril de 1920 el rector suspende los pagos a los profesores; sólo se paga medio sueldo a los prefectos, secretario, tesorero, conserje, ecónoma y mozos; y se quedan sin sueldo el rector, bibliotecario, preparadores y escribiente.
El 27 de septiembre de 1920 llega a la gubernatura Ángel Flores, militar de enorme influencia en el gobierno federal. Sin embargo, doce días después el presidente Obregón lo designa jefe de la Primera División del Noroeste, y deja su lugar al coronel José Aguilar, quien cubrirá el resto del periodo, es decir hasta el 21 de marzo de 1923.
A pesar de todo, la UO al hacer los presupuestos anuales tomaba en consideración los 50 mil pesos aprobados por el Congreso en abril de 1918, con la esperanza de que algún día se los dieran. De hecho, durante toda su vida la UO sólo recibió en promedio mil pesos mensuales. No existen documentos que indiquen que se haya propuesto el proyecto universitario a las entidades vecinas como lo acordó el Congreso; salvo una acta en la que se nombra una comisión para que viajara a Sonora a sondear la posibilidad. Todo hace suponer que debido a la difícil situación económica de la UO esa comisión nunca salió.
La agobiante situación económica de la UO propicia que en los primeros días de enero de 1922 presente su renuncia el rector Bernardo J. Gastélum, propuesta no aceptada por el Consejo Universitario, por no considerarlo culpable de la situación. Además, porque el máximo órgano de la institución decidió jugarse su última carta: solicitar el apoyo del gobierno federal aprovechando las relaciones del general Ángel Flores.
El jefe de la Primera División del Noroeste, en un principio dijo que sí. Sin embargo, poco después cambió de opinión argumentando que posiblemente el gobierno federal tomaría por alta la cifra solicitada, sobre todo en ese momento, cuando la federación estaba invirtiendo mucho dinero en Sinaloa en la construcción de canales y caminos. Fue entonces cuando Ángel Flores propuso como alternativa la federalización de la Universidad de Occidente, propuesta aceptada en el momento de la discusión por el Consejo, incluido el doctor Gastélum. Sin embargo, a punto de votarse la propuesta y cuando ya se hacían planes para la elaboración del documento, un consejero que no había participado en la discusión, pero pendiente de todo lo que se decía, se levantó de su asiento y dijo terminantemente: ¡No! Y empezó a hablar con una fuerza convincente como jamás antes ninguno de los miembros lo había hecho. Era el Ing. Enrique Peña, que con gran elocuencia defendía el espacio democrático de la Universidad, el enorme y caro proyecto que ésta representaba para el pueblo y la educación sinaloense en el marco de una autonomía que debería defenderse hasta las últimas consecuencias. Cuando terminó de hablar, los consejeros y el doctor Gastélum, a quienes tenía subyugados, cambiaron de opinión.
Esa tarde fría de enero de 1922 el rector suprime el sueldo del rector; da de baja al secretario, Gustavo Couret, encomendando sus funciones al oficial primero, Guillermo Bonilla; suprime un bibliotecario; suprime los preparadores de Física y Química; y suspende los sueldos de los profesores, solicitando su colaboración gratuita.
No soportando más la situación financiera de la UO el doctor Gastélum presenta de nuevo su renuncia el 6 de marzo de 1922, aceptándosela el Consejo Universitario dos días después. Ese día se nombra rector interino al Lic. José María Tellaeche, sólo para que terminara el periodo de Gastélum. En la vicerrectoría continuó el Ing. Peña.
Días después el doctor Gastélum viaja a la ciudad de México llevando la representación de la UO para conseguir recursos federales. El mazatleco ya no regresará a la UO, ni siquiera a Culiacán. Se quedará en la capital mexicana, para poco después partir hacia Montevideo como encargado de la Legación mexicana, iniciando así, una carrera diplomática muy importante que más tarde lo llevará a la subsecretaría de Educación Pública y a la titularidad de la Secretaría de Salud.
El 28 de julio de 1922 se reúne el Consejo Universitario, con el fin de elegir rector y vicerrector, ya que el periodo de cuatro años iniciado por el doctor Gastélum terminaba el 31 de ese mes. Ese día se discutió acaloradamente si se entregaba o no la Universidad al Estado. El Lic. Tellaeche resultó rector. No se nombró vicerrector, porque al aprobarse también la entrega de la Universidad al gobierno, ya no se necesitaba.
Si se nombró rector fue para que éste oficialmente entregara la UO al Gobierno del Estado, propuesta aprobada por los consejeros. Bueno, no todos: el único que se opuso con una pasión extraordinaria fue el Lic. Francisco Verdugo Fálquez. Él quería y así lo decía que fuera el gobierno el que le diera muerte, no lo maestros, los cuales tenían el deber y la obligación de luchar hasta el último momento por preservar el único espacio educativo de los sinaloenses. A pesar de que luchó como gato boca arriba, haciendo gala de una oratoria espléndida, nadie lo siguió. A esa sesión no acudió el Ing. Peña.
Cuál fue el tenor de las discusiones en el Congreso del Estado, y cuál fue la cara que pusieron los diputados cuando Tellaeche y los consejeros universitarios llegaron hasta su recinto para entregarles la gloriosa Universidad de Occidente, no lo sabemos.
Lo cierto es que el 18 de octubre de 1922 la XXX legislatura expidió el decreto número 11 que creó al Colegio Civil Rosales, retornando por sus fueros la Junta Directiva de Estudios, aunque con una clara modificación.
Pero la Universidad de Occidente se negaba a morir.
El 27 de junio de 1923, once meses después de la dramática reunión en la que el Consejo Universitario tomó la determinación de entregar la UO al gobierno, el Consejo Universitario se reúne en sesión extraordinaria en los salones de la Universidad de Occidente. Asistieron, además del rector Tellaeche, los licenciados Francisco Verdugo Fálquez (curiosamente director del Colegio Civil Rosales), Manuel A. Barrantes, Fortino Gómez e ingenieros Ramón Ponce de León, Enrique Peña y Eliseo Leyzaola, todos ellos consejeros universitarios.
Entre otros puntos se trató, sobre qué hacer con la ayuda de $3,500.00 mensuales que desde noviembre de 1922 venía entregando a la UO el gobierno federal, por gestiones del doctor Bernardo J. Gastélum, y que se había venido depositando en la agencia del Sonora Bank and Trust, de Culiacán, y que ya alcanzaba la suma de $24,000.00.
Se desprende del análisis de esa reunión, y de otras posteriores, que el Colegio Civil Rosales sólo estaba supliendo a la Universidad mientras ésta se reorganizaba, toda vez que la ley 47 que creó a la UO no fue derogada.
Finalmente, después de mucho batallar, sin resultado positivo, los pilares de la Universidad de Occidente doblan las manos, y el 27 de marzo de 1925 tiran la toalla y entregan todos los recursos que tenían al Colegio Civil Rosales, a través de su director el Lic. Enrique Pérez Arce.
Los esfuerzos de una excelente planta de maestros habían sido insuficientes para sostener el sueño de los sinaloenses. La Universidad de Occidente muere por inanición, extrangulada por un proyecto de corte capitalista que ponderaba enfáticamente que el desarrollo de la agricultura estaba por encima de la educación profesional en Sinaloa y en el noroeste mexicano.
Aquellos hombres que contra viento y marea habían lanzado un proyecto fuera de serie, nunca visto en la historia de la educación en el país, fueron quedando en el camino. Algunos llegaron a ser directores de la magna institución, otros se retiraron de sus aulas por diversas circunstancias. El doctor Gastélum murió en 1982 después de una larga y fructífera vida y de haber sido honrado por la Universidad de Sinaloa con el grado de Doctor Honoris Causa en 1965. El Ing. Enrique Peña sobrevivió al caro proyecto sólo cinco años; murió en 1930. Gastélum y Peña son dos nombres que permanecerán adheridos para siempre a la institución que fundara don Eustaquio Buelna, porque fueron ellos quienes la hicieron volar, con las alas desplegadas, en una bellísima obra de arte, hacia la cúspide. Sueño hermoso de esos hombres que un día enarbolaron la bandera de la libertad y la democracia enmarcada en un concepto llamado autonomía.