VII. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SINALOA
Julio Ibarra Urrea (4 de diciembre de 1965 - 2 de octubre de 1966)
El 4 de diciembre de 1965 el gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis, a través del decreto número 10 expedido por la XLV Legislatura del Congreso del Estado, cuya presidencia estaba a cargo del licenciado Manuel Lazcano Ochoa, otorgó la autonomía a la Universidad de Sinaloa.
En la exposición de motivos, el gobernador apuntó:
Considerando que la Universidad de Sinaloa, como fruto de su larga evolución, ha experimentado un desarrollo acorde con el país y el del Estado, que le ha permitido: ampliar su esfera de acción, superando el ámbito citadino de la capital del Estado para llegar a diversas zonas del mismo, con la fusión de las escuelas preparatorias de Los Mochis, Mazatlán y El Rosario; superar en todos los órdenes los logros alcanzados previamente en materia docente, de investigación, de organización administrativa y de difusión de la cultura, evidenciándose el amor por nuestra máxima casa de estudios de parte de los diversos sectores del Estado y haciéndose patente asimismo, el elevado sentido de responsabilidad de maestros, alumnos y autoridades universitarias, mi Gobierno ha llegado a la conclusión de que es el momento de entregar la dirección y manejo de la Universidad, en manos de los propios elementos universitarios, libre de toda ingerencia oficial, con autonomía plena para organizarse en su régimen interior como resultare más conveniente a sus necesidades y a su desarrollo histórico.
En la sesión del Congreso el licenciado Raúl René Rosas Echevarría, diputado por Choix, expresó en el discurso principal que la ley:
[...] no llega a nosotros precedida de alguna exigencia de opinión pública; es decir, no fue elaborada como producto de una presión individual o colectiva, material o intelectual; es consecuencia de un acto unilateral, sereno, meditado, resultado de una visión universal de lo que significa para la cultura superior, el goce y disfrute de una libertad indispensable para el ejercicio docente, para la investigación científica, labor humanística y la difusión cultural... Es la comprensión de un gobernante que acepta que el régimen de su gobierno se desprenda de una porción considerable de derechos que, hasta ahora, había ejercido conforme a la ley, deseando depositarlos en un cuerpo que se llama Junta de Gobierno que vendría a ser la autoridad máxima dentro de la institución universitaria.
Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta opinión.
Por esos días, en Culiacán había prendido con fuerza un movimiento social y político que buscaba la democratización del PRI encabezado localmente por Enrique Peña Bátiz y a nivel nacional por Carlos Alberto Madrazo.
Enrique Peña Bátiz:
La estructura fundamental de aquel grupo —al que nosotros llamamos Francisco I. Madero— era el campesinado, y hubo una vinculación muy estrecha entre el campesino y el universitario, que trajo como consecuencia que el gobierno del estado se tambaleara, pues en momentos estuvo a punto de quedar prácticamente aniquilado. Y ante esa realidad y peligro el gobernador se acercó a Cañas, a Lamberto Borboa, a Medina Viedas y varios de estos muchachos —quienes hicieron después de este movimiento que hoy le da vida, estructura y fuerza a la Universidad— para hacerles este planteamiento: "Ustedes dejen al Madero y su lucha, y yo a cambio les voy a dar la autonomía". Y esa es la realidad de cómo surgió la autonomía de la Universidad: impulsada por el estudiantado en una lucha popular.
Marco César García Salcido, catedrático, secretario general y rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa:
Miente quien diga que la autonomía de la Universidad fue una resolución gratuita, bondadosa o visionaria del gobernador Sánchez Celis en aquella época. Que no fue plena, es cierto, como lo dijo Arturo. Fue una resolución tomada por el temor de que la lucha universitaria por la autonomía entroncara con la lucha cívica, dura y fogosa del Francisco I. Madero, en forma definitiva.
Arturo Campos Román, catedrático, secretario general y rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa:
[...] la autonomía de la Universidad había sido otorgada en respuesta al movimiento de insurgencia, porque realmente se manifestó en ese momento no nada más en Culiacán, sino en todo Sinaloa, porque había movilizaciones del Francisco I. Madero y de los estudiantes en la Universidad y [...] repercutió nacionalmente. Era un movimiento de insurgencia civil y del estudiantado universitario principalmente, el cual tuvo una magnitud tal que hubo momentos en que se decía de la posible caída de Sánchez Celis.
Fausto Bugueño Lomelí, en 1965 estudiante de Economía, dice:
Empezamos a reunirnos en los meses de julio, agosto y a inicios de septiembre, un grupo de compañeros de la Universidad. Primero en un saloncito de la Escuela de Economía y, después, nos fuimos a un galerón en el Boulevard Leyva Solano. Ahí convocamos a un grupo más amplio [...] y logramos reunirnos cerca de 200 personas, en una convocatoria que nos asustó y cuyo objetivo era el de discutir y buscar la autonomía universitaria... Entonces fuimos a ganar asambleas completas, escuela por escuela [...] Sánchez Celis procedió en forma visionaria, como un viejo zorro de la política [...] "antes de que los universitarios me logren la autonomía, la concedo yo como gobernador". Ese fue el razonamiento de Sánchez Celis y entonces envía la iniciativa al Congreso y nosotros nos enteramos por los periódicos de que había autonomía universitaria [...]
Según los protagonistas principales, al día siguiente de decretada la autonomía universitaria, las autoridades de la institución educativa marcharon desde el edificio rosalino hasta la catedral para, a través de fogosos discursos, dar las gracias al gobernador por tal prebenda.
La ley orgánica contenida en el decreto número 10, estableció que eran autoridades, además del Consejo Universitario, la Junta de Gobierno, integrada por siete miembros que representaban los intereses de la institución y del gobierno. Correspondía a la Junta de Gobierno nombrar y remover al rector y a los directores de las distintas escuelas, facultades, carreras e institutos; así como resolver los conflictos que surgieran entre autoridades universitarias; y expedir su propio reglamento.
Por otra parte, eran facultades del Consejo Universitario promulgar el reglamento general y expedir todas las normas y disposiciones para la mejor organización y funcionamiento de la institución; discutir y aprobar el presupuesto, planes de estudio, métodos y procedimientos de enseñanza, incorporación de enseñanzas, fusión de instituciones educativas, creación de facultades, escuelas, carreras, institutos o departamentos; otorgamiento de grados universitarios; seleccionar ternas para ser presentadas a la Junta de Gobierno para la elección de Rector; impugnación ante la Junta de Gobierno de las designaciones de secretario general, tesorero y jefe de departamento administrativo.
También eran autoridades universitarias, además del rector y las otras mencionadas, el Comité Central de Finanzas; y los directores de facultades, escuelas, carreras e institutos y los jefes de departamentos. Por otra parte, el rector, a partir de esta ley, durará en su cargo cuatro años y, por supuesto, podía ser reelecto.
El miércoles 8 de junio de 1966 apareció en el Diario de Culiacán un desplegado firmado por la Sociedad de Alumnos de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Sinaloa y dirigido a los estudiantes y profesores de la institución educativa, así como a la opinión pública, en el que protestaban porque el rector a pesar de llevar ya en el poder 124 días no había integrado aún legalmente el Consejo Universitario y, por lo tanto, no se podían proponer las ternas correspondientes para que la Junta de Gobierno extendiera el nombramiento a los directores de las escuelas.
[...] esto no ha sucedido, ya que es a todas luces visto, que, el C. rector pretende tener en los puestos de directores de las escuelas a elementos incondicionales que nombrará la H. Junta de Gobierno, según parece, cuando alumnos y maestros se encuentren en periodo de vacaciones, haciendo posible con esto, la integración de un Consejo Universitario carente de fuerza.
Ese mismo día, a las 19:40 horas, la Sociedad de Alumnos de la Escuela de Economía estalló la huelga. A las demandas anteriores agregaron en el pliego petitorio:
Nombramiento inmediato como director de la Escuela de Economía del licenciado José Luis Ceceña Cervantes; establecimiento de la auténtica autonomía universitaria con base en la descentralización de autoridad, respetando la decisión de directores de escuelas y de consejos técnicos de las mismas; el establecimiento de comisiones elaboradoras de los reglamentos General y especiales, posteriores a la designación de directores; la eliminación de privilegios y prerrogativas para miembros del personal administrativo y docente; el goce del séptimo día para trabajadores de intendencia; y la garantía de que no se ejercerá represalia de ningún tipo para alumnos y profesores que directa o indirectamente participan en el movimiento.
El Comité de Huelga entregó al Rector el pliego petitorio. Para tratar de resolverlo, pidió a los estudiantes un plazo de dos días. También se le presentó a la Junta de Gobierno, cuyo presidente, Lic. Juventino Gastélum, prometió a los estudiantes convocar a asamblea lo más pronto posible.
Sin embargo, el 9 de junio el rector doctor Julio Ibarra Urrea, declaró a la prensa que "los estudiantes en huelga en ningún momento se han acercado a la Rectoría para discutir los problemas que por medio de la prensa señalan como causa del movimiento". Dijo que las puertas de la Rectoría estaban abiertas para todo estudiante que tuviera problemas y deseara lograr su resolución. Dijo también que las peticiones de los estudiantes podían estar sujetas a discusión y que existían recursos legales que la Ley orgánica de la Universidad señalaba y a los cuales se podía recurrir antes de tomar determinaciones que obviamente redundaban en perjuicio inmediato de los propios estudiantes.
La entrada a las aulas de la Escuela de Economía (entonces en el Edificio Central) había sido rodeada de barricadas improvisadas con sillas y mesabancos, se había colocado la bandera rojinegra y tres mantas en las que se pedía justicia para los maestros y los conserjes. Una gran cantidad de alumnos montaba guardias en las afueras de las aulas para impedir la entrada, salvo a los alumnos huelguistas.
La Sociedad de Alumnos de la Escuela de Economía, cuyo presidente era Fausto Burgueño Lomelí, se había constituido en asamblea permanente, desde el momento en que estalló la huelga.
En las otras escuelas universitarias las actividades continuaban con normalidad.
Hacia el 10 de junio, la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, con sede en la ciudad de México, por medio de una carta dio su apoyo al movimiento, exhortando a todos los alumnos que formaban parte del mismo a seguir luchando por lo que "consideran de elemental justicia, ya que de esa forma se hace patria". Asimismo, se recibió una copia de la carta que la Facultad de Derecho envió al Rector, apoyando el movimiento de huelga en lo referente a la falta de nombramientos de directores en las escuelas; la adhesión estudiantil fue dada a conocer a través de su presidente Luis S. Zúñiga Vizcarra. Ese mismo día, una comisión integrada por cuatro alumnos salió a la capital mexicana para entrevistarse con los estudiantes de la Escuela Nacional de Economía, UNAM, quienes habían prometido su apoyo, mediante telegrama, desde el primer día del movimiento.
En las próximas horas el movimiento estudiantil continuó en ascenso.
El sábado 11 de junio, la Sociedad de Profesores de la Escuela de Economía, al término de una reunión extraordinaria, por medio de la licenciada María de la Luz Urtuzuástegui de Cristerna y del licenciado Octavio Guerrero Bernal, presidenta y secretario, respectivamente, declaró a la prensa:
Es falsa la afirmación en el sentido de que la Sociedad de Profesores de la Escuela de Economía otorgó su apoyo incondicional para que el Lic. José Luis Ceceña continúe al frente de la dirección de la misma, pues el acuerdo tomado no se efectuó en los términos expuestos por ustedes (los huelguistas), por lo que se niega cualquier autoridad a los alumnos para que tomen el nombre de los profesores para encauzar sus demandas; los alumnos no tienen ninguna autoridad para constituirse en defensores de los catedráticos de la Escuela, puesto que éstos para ello cuentan con su respectiva sociedad, a la cual corresponde de hecho y de derecho la defensa de sus miembros.
Ese mismo día, los profesores de Economía publican en un desplegado enviado al doctor Julio Ibarra Urrea, que no consideraban al licenciado Ceceña Cervantes como la persona indicada para continuar al frente de la dirección.
Ni tardos ni perezosos los alumnos de Economía al día siguiente respondieron al desplegado de sus maestros con otro en el que destacaban el currículum del licenciado José Luis Ceceña Cervantes. El documento finaliza, textualmente:
Ésta es la persona que los Estudiantes de Economía necesitan como director, una persona que haya dedicado su vida a la investigación y al estudio. Si alguno de los profesores, ex profesores, y personas ajenas, firmantes de la carta que antes se cita, supera lo aquí expuesto, pueden tener la seguridad que la dirección del estudiantado le pertenece, atendiendo a que se requiere de la mayor capacidad técnica posible y que como institución de enseñanza superior, la Escuela de Economía debe formar investigadores de la economía y los problemas económicos en general.
El lunes 13 de junio, en sesión extraordinaria del Consejo Universitario, el doctor Julio Ibarra propuso y fueron aprobadas las ternas para directores de las escuelas universitarias. En la terna para director de la Escuela de Economía figuraron: María Luz Urtusuástegui de Cristerna, José Luis Ceceña y Rigoberto Elenes Bringas; en la de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales: Marco César García Salcido, Rodolfo Monjaraz Buelna y Clemente Vizcarra; en Ciencias Químicas: Ernesto Camacho, Francisco Salazar y el doctor Correa. En el resto de las escuelas figuran los actuales directores; en Trabajo Social sólo fue propuesta la profesora Yolanda Contreras, "debido a que en esta capital no existen trabajadores sociales titulados que pudieran complementar la terna".
Al día siguiente, 14 de junio, los catedráticos Silvia Millán de Moyers, Roberto de la Mora Zatarain, Héctor R. Guillén, Manuel Inzunza Sáinz, Donaciano Martínez R., Pedro Liberato A. y Genaro Arce, publicaron un desplegado dirigido al rector, en el que afirman:
Es falso que todos los profesores de la Escuela de Economía hayamos retirado nuestro apoyo al señor José Luis Ceceña Cervantes para Director de la Escuela; apoyo que fue otorgado por mayoría de la Sociedad de Profesores, en una junta realizada el día 27 de mayo, próximo pasado; en dicha junta se votó porque no se enviara terna a la Rectoría sino que se propuso como único candidato a la Dirección de la Escuela al Lic. José Luis Ceceña. Solamente uno de los profesores de los que habíamos apoyado al licenciado Ceceña Cervantes no le ratificó su voto de confianza...
El día 16, se conoció extraoficialmente que la rectoría había pedido a Ceceña sus "buenos oficios [...] a fin de acabar con la huelga decretada desde hace ocho días [...]". Por otro lado, según informó Manuel Inzunza, miembro del Comité de Huelga, desde tres días atrás los estudiantes habían invitado a los maestros para sostener pláticas con motivo de la reapertura de las aulas, pero sin embargo éstos no se presentaron a la hora convenida, lo que había traído como consecuencia la prolongación de la huelga. No obstante, en la escuela los estudiantes andaban alegres por la pronta reanudación de las clases. Dos citatorios más enviaron los estudiantes a sus maestros... y éstos siguieron brillando por su ausencia. Incluso, el Lic. Ceceña Cervantes declaró a los medios de comunicación "que si los maestros no quieren sostener pláticas con el alumnado él está dispuesto a ir hacia ellos, a sus hogares o a donde éstos quieran, a fin de que las actividades se regularicen". Los alumnos de Economía solicitaban la presencia de los maestros para aclarar algunos puntos del desplegado que éstos habían publicado en contra de Ceceña. Al no acudir los profesores, el Comité Central de Huelga de la Escuela de Economía (Horacio Lozano, Salvador Lizárraga, José de Jesús Montiel, César García Morgan y Rodrigo Mendoza) y la Sociedad de Alumnos de la misma (Fausto Burgueño Lomelí, presidente; y Gerónimo Martínez García, secretario), el día 17 publicaron en la prensa un desplegado en el que replicaban con detalle la carta enviada por los profesores de la Escuela de Economía.
Satisfechos con la aclaración que hicieron, ese día, en sesión iniciada a partir de las 18:00 horas, el Comité de Huelga de la Escuela de Economía, finalmente determinó el levantamiento de la huelga y el retorno a clases. A las 19:40 fueron entregados al Lic. Ceceña los salones de clase, así como la dirección de la Escuela. Minutos más tarde se extendieron oficios a las autoridades universitarias dándoles a conocer los acuerdos tomados en vista de que había sido resuelto satisfactoriamente (algunos puntos se encontraban en vías de solución) el pliego petitorio estudiantil. Convertido el Comité de Huelga en Comité de Lucha, para velar porque los puntos del pliego petitorio se cumplieran, las clases se reanudaron ese mismo día.
La noche del 25 de junio la Junta de Gobierno de la Universidad Autónoma de Sinaloa designó director de la Escuela de Economía al Lic. José Luis Ceceña. En la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales quedó el Lic. Rodolfo Monjaraz Buelna; en la Escuela de Contabilidad y Administración, el CP Enrique Ramos Jacobo; en Ingeniería, el Ing. Jesús Antonio Malacón; en la Preparatoria, Lic. Gilberto Zazueta; en Enfermería, Armida Lha Verne Bobadilla; en Agricultura, Ing. David Mayés Olloqui; en Trabajo Social, T.S. María Flora Yolanda Contreras; en Ciencias Químicas, Dr. Jorge Correa Pérez; en la Preparatoria de Los Mochis, Profr. Héctor González; en la Preparatoria Mazatlán, licenciado y coronel Bernabé Acosta; y en la Preparatoria de El Rosario, Dr. Julio Ríos Tirado.
La huelga en economía había terminado. Sin embargo, dos meses más tarde estallaría la huelga general —iniciada de nuevo en Economía—, que culminó con la destitución del doctor Julio Ibarra Urrea, como rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el 2 de octubre de 1966. Ahora sí, como lo presagiara en diversas ocasiones Manuel Inzunza al seno del propio Consejo Universitario, los estudiantes rosalinos estuvieron mejor organizados. José Luis Ceceña Cervantes, de nueva cuenta jugó un papel importante en esta fase del movimiento estudiantil sinaloense.
El proyecto más importante de Julio Ibarra fue la departamentalización de la enseñanza en la Universidad, es decir, convertir a las escuelas universitarias en departamentos académicos, tal y como se estilaban en Europa; el sistema consistía en que en un departamento se cursarían asignaturas para distintas carreras. Al efecto creó los departamentos de Matemáticas, Física, Química, Biología, Dibujo, Topografía y Fotogrametría, Historia, Lengua y Literatura, Geografía, Humanidades e Idiomas. Incluso a seis de ellos se les asignaron locales.
Para hacer realidad su aspiración, desde su arribo a la rectoría trabajó en el proyecto de construcción de Ciudad Universitaria, para lo cual convocó a un concurso de proyecto a los arquitectos más importantes del país. El 16 de diciembre de 1965 se reunieron para analizar las propuestas los arquitectos Ruth Rivera, Jorge González Reyna, Héctor Mestre, Héctor Velázquez y Jaime González Luna. El análisis se basó en características de antemano acordadas, entre las que destacan: reflejo arquitectónico de la organización que se pretendía dar a la nueva Universidad a base de departamentos de actividades afines consideradas como unidades básicas; desplazamiento mínimo de profesores y fácil contacto de éstos con las unidades administrativas; posibilidades de crecimiento de cada uno de los departamentos para satisfacer futuras necesidades; correspondencia de las áreas asignadas en los proyectos a las exigencias del programa en sus diversas etapas de realización; congruencia de superficies construidas y de áreas libres con las limitaciones económicas que fijaban las bases del concurso; proporción a escala adecuada del proyecto con la ciudad de Culiacán; y justa valoración, proporción y escala de las partes componentes del conjunto. El proyecto que obtuvo el primer lugar compitió con el seudónimos "proyecto Campus", y fue elaborado por el arquitecto Agustín Hernández Navarro, con la colaboración de los arquitectos Gerardo García Rivas, Gonzalo Arenas Fuentes, Alejandro Mateos y José E. Asturias.
Sin embargo, su proyecto departamental no prosperó en ese entonces, y sólo lo vio cristalizado muchos años después, cuando fundó y fue primer rector de la Universidad de Occidente, institución organizada por unidades departamentales.
Mientras tanto, Ciudad Universitaria siguió otros caminos.
Durante este periodo, el 25 de abril de 1966, se forma la Asociación de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa (ATUAS), que aglutina a los trabajadores administrativos; su primer representante, elegida en asamblea amplia, fue Virginia Juan Qui, durante muchos años secretaria del Consejo Universitario. Es el antecedente más remoto del posterior STEUAS.
Los presupuestos que se manejaron durante el periodo de Julio Ibarra Urrea fueron:
CICLO
INGRESO PRESUPUESTADO
1962-1963
$ 4' 285, 000.00
1963-1964
$ 8' 285, 860.00
1964-1965
$ 11' 534, 629. 32
1965-1966
$ 14' 316, 357.26
En esta segunda fase de la administración de Ibarra Urrea, fue Secretario General de la institución el Lic. Leopoldo Rodríguez Arvizu.