Jorge Luis Guevara Reynaga (8 de junio de 1997)

Semanas antes de que Rocha Moya terminara su periodo, la comunidad universitaria se prepara para nombrar al nuevo rector. El 26 de abril de 1997 el Consejo Universitario acuerda la Tabla de Puntaje que calificará el currículum de los candidatos para el proceso de nombramiento de rector, en la que se toman en cuenta tres factores principales:

  FACTOR

VALOR

I. Formación y desempeño académico en docencia, investigación y difusión cultural.

55.0 %

II. Desempeño en la administración de la academia y representación universitaria.

35.0 %

III. Compromiso institucional y prestigio profesional

10.0 %

SUMA TOTAL

100.0 %

Con esta nueva modalidad, los candidatos a rector MC. Jorge Luis Guevara Reynaga, Dr. Guillermo Ibarra Escobar y Dr. Emiliano Paredes buscan el consenso de la comunidad universitaria para asumir el máximo cargo en la institución. La campaña no fue fácil, debido a la efervescencia estudiantil y política de las fuerzas universitarias.

Finalmente, el 19 de mayo la Comisión de Méritos Académicos y Universitarios, integrada por César Ordorica Falomir, Patricia Zapata Esquivel, Consuelo Santillán Ramírez, Santiago Elenes Buelna, Miguel Ángel Cárdenas Sánchez, Ina Yael Soto Torres, José Luis Zambrano Colio, Adalberto Soto Grijalva y Alex Javier Vázquez Padilla, aprobaron aplicando la Tabla de Puntaje, la integración de la terna de candidatos a rector para el periodo 1997-2001:

MC Jorge Luis Guevara Reynaga

100.0

Dr. Guillermo Ibarra Escobar

91.0

Dr. Emiliano Paredes Contreras

42.0

Ese mismo día, el Consejo Universitario acuerda nombrar rector titular al MC Jorge Luis Guevara Reynaga.

Guevara Reynaga nació el 20 de enero de 1953 en la ciudad de Culiacán, Sinaloa. Realizó sus estudios de primaria en la escuela Gral. Ángel Flores, de secundaria en la escuela Federal No. 1 Moisés Sáenz, la preparatoria en la Central Diurna de la UAS y la profesional en la escuela de Ingeniería Civil, de esta misma institución, en el periodo 1971-1976. En 1984 concluyó la Maestría en Ciencias con Especialidad en Matemática Educativa, en el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.

Catedrático de la UAS desde 1972, ha impartido diversos cursos en los diferentes niveles educativos, tanto a estudiantes como a maestros. Como investigador, fue responsable de la investigación Evaluación y Seguimiento del Proceso de Reforma Curricular en Matemáticas (1982-1983), y colaborador en la Investigación de Evaluación y Seguimiento realizada para la reestructura curricular del Plan de Estudios del Nivel Medio Superior (perfil del docente, deserción, eficiencia terminal, etc.), entre muchas otras actividades similares. Además es autor de los libros de texto La Reforma Académica en la Universidad, Los Desafíos de la UAS en el Nivel Medio Superior, y coautor de muchos otros en las disciplinas de las matemáticas.

Entre sus actividades académico-administrativas, sobresalen las haber sido coordinador general del Programa Nacional de Formación de Profesores en Lengua Nacional (1987-1988), nodo UAS, coordinador general de la Evaluación sumaria de los aprendizajes (1987-1988), y de la Evaluación diagnóstica del perfil del egresado en contenidos de Matemáticas, Física y Química en el Bachillerato Universitario; y titular de la Dirección General de Escuelas Preparatorias (1987-1989).

Entre los reconocimientos que ha recibido, destaca el otorgado el 17 de mayo de 1996 durante la X Reunión Científica del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Verona, en La Habana, Cuba.

El 8 de junio de 1997 Guevara Reynaga dijo ante el Consejo Universitario, durante su toma de posesión:

Retomo los ideales que reivindican el derecho de todos a la educación y la validez de la universidad pública como conquista irrenunciable de los mexicanos. Al ratificar —precisamente hoy— este principio, advierto una feliz coincidencia, pues un 8 de junio de 1553 se abrieron las puertas del primer centro de educación superior en nuestro país.

Desde entonces, la universidad ha pasado por cambios diversos de fondo y forma. La profundidad y rapidez de las transformaciones ocurridas en el mundo de este fin de siglo, derrumbaron muros de toda índole, como si, en la experiencia de la modernidad, todo lo sólido se hubiera desvanecido en el aire. El enorme cambio ocurrido ante nuestros ojos, obligó a la revisión de ideas, paradigmas y creencias.

Las nuevas tecnología, la informática, las telecomunicaciones y la competencia internacional, impactaron las estrategias del desarrollo económico, social y político.

Todo ello condujo a revisar también, los modelos educativos y el papel que le corresponde a la universidad, las reformas que debe emprender en sus funciones sustantivas, y traducirlas, en lo posible, en beneficio de la sociedad que la sostiene.

Ello no supone, sin embargo, el olvido de la esencia humanista de la universidad. Por el contrario, si queremos que las prodigiosas conquistas del conocimiento contribuyan al bienestar del hombre y al desarrollo de sus facultades potenciales, necesitamos enriquecer las ideas que hagan inteligible su destino. Requerimos —hoy más que nunca— afirmar las humanidades, la vocación crítica y los valores universales, para contribuir a una sociedad de ciudadanos libres, responsables, productivos, preparados y solidarios.

Es en las fuentes del humanismo donde la universidad encontrará sustento y orientación para responder —sin banalizar sus tareas— a las exigencias del desarrollo social y a las expectativas de su propia renovación. No tenemos, en este sentido, grandes divergencias. Hay, en cambio, consenso en las tareas inmediatas: revisión de los modelos educativos, de la actividad docente, para elevar los niveles de calidad y eficiencia; planeación estratégica para prever problemas y entrever soluciones; descentralización académica y administrativa; formación integral y actualizada de los estudiantes; reconocimiento social hacia nuestros egresados; observancia de la normatividad institucional; evaluación permanente de los resultados de nuestras actividades académicas; información y revisión sistemática —interna y externa— del uso de los recursos que la sociedad nos confía; y establecimiento de mecanismos que armonicen las funciones propias de la universidad.

Por lo mismo, el examen de la actividad académica marcará la directriz de nuestro rectorado.

Al respecto, pensamos atender cuatro ejes prioritarios para su desarrollo: la planeación académica; el fortalecimiento de la docencia, investigación y difusión; los niveles de atención: bachillerato, técnico profesional, licenciatura y posgrado; y las áreas de apoyo: intercambio académico e infraestructura física y equipamiento. Bajo esta orientación programática enfrentaremos tres de los problemas fundamentales de la educación superior: calidad, cobertura y pertinencia.

Al recibir la institución, ésta contaba con 6,754 plazas académicas, 2,106 administrativas y 616 de confianza. De las plazas académicas, el 43.5% era personal de tiempo completo, 1.5% de medio tiempo y 55% de asignatura. Sin embargo, el gobierno sólo financiaba el 83.17% de las plazas de tiempo completo y el 94.29% de las de asignatura.

Desde el primer día, el rector nombró su administración: IBQ Gómer Monárrez González (Secretario General), Lic. Jesús Enrique Ruiz Cortés (Dirección de Servicios Escolares), LAE y CP José Francisco Álvarez Cordero (Tesorero General), Ing. Pilar Guzmán Taboada (Dirección de Información y Relaciones), Lic. Refugio Ceceña Véjar (Coordinación General de la Extensión de la Cultura y los Servicios), Dr. Rafael Valdez Aguilar (Coordinación General de Investigación y Posgrado), Dr. Santos López Leyva (Coordinación General de Planeación y Desarrollo), Dr. Bartolo López Quintero (Coordinación Universitaria del Hospital Civil), Dr. Jorge Guillermo Cano Tisnado (Centro de Investigaciones y Servicios Educativos), MC Mario Alberto Lamas Lizárraga (Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales), Lic. José Alberto Monárrez Lerma (Dirección General de Escuelas Preparatorias), MC Víctor Hugo Aguilar Gaxiola (Dirección General de Bibliotecas), QFB Héctor Melesio Cuen Ojeda (Dirección de Bienes e Inventarios), Ing. y ED Francisco Javier Vea Souza (Dirección General de Deportes), Lic. José Isabel Ibarra Valdivia (Dirección General de Recursos Humanos), QFB Guadalupe Ramírez Zepeda (Dirección de Editorial), Lic. Ambrocio Chávez Chávez (Coordinador General de la zona Centro-Norte), MC Jorge Arturo Madrid Valenzuela (Coordinador General de la zona Sur) y MC Teódulo Flores Sánchez (Coordinador General de la zona Norte).

En agosto de 1997 el rector presentó a la comunidad universitaria su proyecto de trabajo para su periodo: Plan Institucional de Desarrollo 1997-2001.

Un año más tarde, Guevara Reynaga rindió su primer informe a la comunidad universitaria. En apenas 365 días, en relación con el ciclo escolar anterior, el nivel medio superior creció 5.13%, el de licenciatura 13.23% y en posgrado 30.3%. Por primera vez en la historia de la institución se invirtió la tendencia de la matrícula a favor del nivel superior.

En el transcurso del primer año: se reeditó el programa de posgrado en Ciencias en Física, con niveles de maestría y doctorado de la Escuela de Ciencias Físico-Matemáticas; se autorizó una sexta generación de estudiantes al programa de Maestría en Ciencias de la Producción Agrícola, creada el 22 de julio de 1992, la que ofrece dos opciones de especialización, Horticultura y Protección Vegetal, posgrado clasificado en el Padrón de Posgrados de Excelencia Académica del CONACyT; se aprobó la Maestría en derecho Constitucional y Administrativo (posgrado creado el 9 de marzo de 1990), para una tercera generación de alumnos, en la Escuela de Derecho Culiacán; se aprobó la edición de la cuarta generación de la Maestría en Ciencias Médicas, que tiene como propósito central formar investigadores clínicos con capacidad para estudiar los problemas de salud en la entidad y generar soluciones más adecuadas y viables para contrarrestar las causas que las motivan.

Se adecua el plan de estudios del nivel técnico profesional en Trabajo Social Mazatlán, con el objetivo de que los cursos de Metodología del Trabajo Social concuerden con las actividades que debe desempeñar el alumno; los cursos de Estadística permitan apoyar los trabajos metodológicos en la investigación de campo; y los cursos de Políticas de Bienestar Social funcionen como marcos referenciales de las acciones del trabajo social.

Se aprueba el proyecto de creación de la Licenciatura en Trabajo Social, en la Escuela de Trabajo Social en Los Mochis; se aprueba la implementación del Currículum del Bachillerato UAS; y el INAH declara patrimonio histórico al Edificio Central de la institución.

Al cierre del ciclo escolar 1997-1998 la UAS registraba una población estudiantil de 96 235 estudiantes inscritos en los diversos niveles educativos.

Durante este lapso, la Contraloría Social Universitaria se renovó: licenciada Laura Elena Rangel de Barreda, representante del Ejecutivo estatal; diputado, licenciado Óscar Lara Salazar y diputado licenciado Alfredo Quintero Urías, representantes del H. Congreso del Estado; ingeniero José Luis Sevilla Juárez, representante del sector empresarial; M. C. Calixto Arellano Fierro, representante de la Asociación de Colegios de Profesionistas de Culiacán; licenciado Isidro Salas Coronel, representante de la Federación Estatal de Padres de Familia; licenciado Rafael Tostado León, representante del sector de trabajadores del estado; ingeniero Andrés Escalante Bojórquez, representante de los trabajadores administrativos de la UAS; Doctor César Ordorica Falomir, representante del Colegio de Directores; Doctor Alberto Bojórquez Favela, representante de los profesores de la UAS; Georgina García Hernández y César Sandoval Acosta, representantes del sector estudiantil universitario y el MC Salvador Pérez Martínez, representante de la Administración universitaria.

Guevara Reynaga enfatizó en su primer informe:

En los últimos veinte años el desarrollo de la institución se había fincado sobre planes y políticas con visiones de coyuntura más que sobre la base de una planeación estratégica de mediano y largo plazos. Ahora aplicaremos la planeación prospectiva, entendida como un instrumento de administración y de organización para el cambio, fundada en una lectura atenta del contexto, de respuesta puntual a los requerimientos cada vez más apremiantes del entorno y con una visión a futuro de procesos que tendrá que transformar la institución afrontándolos desde ahora.

 

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