Estudios de América del Norte
Revista Electrónica Semestral de la Maestría en Estudios de Estados Unidos y Canadá
Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa
Volumen I, Número 2, Abril del 2000. Culiacán, Sin. México
http://www.uasnet.mx/historia/US.CAN/rev/Dos/

Cine e Identidad Cultural en Canadá

Graciela Martínez-Zalce Sánchez
Investigadora  del  Centro  de  Investigaciones  sobre  América  del  Norte,  UNAM
E-mail: zalce@servidor.unam.mx

cineHoy día nos resulta ya común la inclusión del video en el cine,[1] , estilo que casi inaugurara el armenio canadiense Atom Egoyan, siguiendo una tradición según la cual existía una línea alternativa que proponía borrar los límites entre ficción y realidad.[2] A esto subyace una tradición documental que distingue a la industria fílmica canadiense, arraigada en la obsesión acerca del papel que ha jugado la tecnología en esta cultura debido a que ésta da la posibilidad de unir eficaz y rápidamente a grupos de gente que se encuentran en puntos geográficos muy distantes. La historia del cine canadiense se inicia con varios docudramas que mezclaban escenas reales, filmadas en locación, con guiones donde se desarrollaban personajes ficticios, basados en las personas involucradas en los hechos que habían originado la filmación.

El documental fue, durante mucho tiempo, el género dominante debido a su costo de producción, más bajo, y a las políticas gubernamentales tendientes a apoyar y desarrollar una cultura propiamente canadiense. Todo ello basado en una concepción donde el cine no se consideraba un medio de entretenimiento sino uno con responsabilidades sociales. La creación del National Film Board[3] en 1939, bajo la dirección de John Grierson, cimentó esta corriente, con el afán de producir propaganda de guerra que, bien realizada, permitiría ilustrar, iluminar y alentar a un pueblo para creer en su país y participar en su desarrollo.

Así pues, mientras en los Estados Unidos se producían películas comerciales, en Canadá se hacían documentales con una meta: mostrar a los canadienses imágenes reales de sí mismos. A finales de la década de los cincuenta, utilizando las técnicas del cinéma direct, la generación de directores y productores formados por Grierson (que fundarían en el lado anglocanadiense el Studio B, productor de la importantísima serie Candid Eye que, a su vez, influiría en los realizadores francocanadienses para la filmación de la serie Panoramique), lograrían proponer a los canadienses una imagen de sí mismos que respondía al contexto en que ésta se insertaba. Partieron de que no existía un imaginario común a todo Canadá. Por un lado, buscaron las características en común de las distintas regiones. Por otro, hicieron retratos de cada lugar y los mostraron en un ámbito completamente diferente. La conclusión fue que el único modo de expresar lo canadiense era celebrar la diferencia.

El mandato del NFB ha sido producir, distribuir y promover la producción y distribución de películas canadienses para interpretar Canadá para los canadienses --como se afirmó anteriormente-- y para otras naciones. A partir de la década de los ochenta, se hizo énfasis en apoyar producciones que abordaran problemas contemporáneos que reflejen las preocupaciones culturales y sociales de los canadienses. Más que una productora y distribuidora de películas y video, el NFB es una unidad de entrenamiento e investigación comprometida con el avance del arte y la tecnología de las comunicaciones audiovisuales. Ha creado redes de distribución efectiva a comunidades y escuelas, para difundir su trabajo. Produce entre ochenta y cien películas por año que son exhibidas por televisión, lo cual asegura su difusión a un mayor número de espectadores, de las cuales el 60% son documentales y el 25% de animación experimental, campos que, a pesar de ser reconocidos y multipremiados internacionalmente, no interesan a la inversión privada.

Sin embargo, el apoyo a los productos de relevancia cultural a través de este organismo excluye a la ficción, lo cual ha dejado el campo libre a las producciones estadounidenses. Una política cultural que ha sido benéfica en cuanto ha creado una sólida tradición se ha convertido, sin embargo, en un arma de doble filo, probablemente porque no dio la suficiente importancia al aspecto de diversión y entretenimiento que acompaña a la industria cinematográfica. La perspectiva didáctica en el hacer cine ha apoyado a las actividades educativas y que contribuyan de manera significativa a la identidad cultural canadiense y, por tanto, ha desdeñado a lo que se considera cultura popular, la versión más difundida de lo que la gente quiere ver al pagar un boleto en la taquilla, para divertirse y entretenerse.

Ted Magder afirma que el gobierno canadiense ha sido consciente de los costos económocos y culturales de la preminencia de Hollywood en Canadá, pero sin hacer nada para revertir esta tendencia. Tan es así que Hollywood se ha instalado en las salas cinematográficas canadienses con tanta eficacia que considera al mercado canadiense como parte de su mercado nacional.cosechando el trigo

Para apoyar sus puntos de vista, Magder recuerda las conclusiones del Reporte Massey, de 1951, donde, en relación con el cine, se afirmaba que Hollywood reconfiguraba a los canadienses según la imagen que tenían de ellos. El reporte consideraba al cine como la más poderosa, pero también la más ajena de las influencias que dan forma a la vida canadiense.

Antes de la dominación de la televisión como medio masivo, Hollywood produjo alrededor de 500 películas que tenían a Canadá como tema, número 10 veces mayor que el que Canadá había producido. En estas producciones, se presentaban los estereotipos extremos: una escenografía salvaje, poco poblada por leñadores, emprendedores, traficantes de pieles, indios y policías montados, donde siempre estaba nevando. Durante mucho tiempo, la regla fueron las películas hollywoodenses; las canadienses, la excepción. De hecho, éstas se veían como extranjeras en su propio espacio nacional.

En las tres últimas décadas del siglo XX, Hollywood ha dominado el mercado global del cine y ha extendido su dominio corporativo al entretenimiento casero. Para 1993 la industria fílmica estadounidense produjo un excedente de cuatro mil millones de dólares (sólo superada por las exportaciones de las industrias de defensa y aeroespacial). En los últimos cuarenta años, además, ha habido una diversificación en las actividades de los grandes estudios, para incluir todas las facetas de la producción y distribución cultural: programas de televisión, sistemas de cable, publicaciones, discos, juegos de video, juguetes, ropa, muebles infantiles y demás.

Para conocer el estado actual de la industria cinematográfica canadiense frente a los embates de Hollywood, Magder explica que son dos las más importantes cadenas de cines en Canadá: Famous Players y Cineplex Odeon. Son ellas las que realizan los arreglos con las grandes compañías hollywoodenses para la exhibición de películas; esto les da seguridad pues garantiza a las películas distribuidas por estos grandes estudios los mejores tiempos de proyección, las mejores salas y las mejores épocas para el lanzamiento de las películas (que son en diciembre). Todo esto implica la marginación de las películas que pertenezcan a cualquier otra distribuidora, es decir, prácticamente todas las canadienses. Se han negociado cuotas, sin embargo, éstas se traducen sólo en cuatro semanas de exhibición de películas canadienses por sala por año, lo cual implica que en muchos casos se dan las peores salas y tiempos a éstas o se ignora la cuota.

Entre 1980 y 1990, señala Magder, el tiempo de pantalla perteneció en un 97% a películas extranjeras. Las películas anglocanadienses contaron con tiempo en los mercados urbanos más grandes, pero estuvieron confinadas a una sola pantalla durante, cuando mucho, un par de semanas. Las ganancias en taquilla, por supuesto, fueron muy pocas. Del dinero que se invierte en la producción de películas, casi nunca se recupera ni la mitad. Los datos que Magder presenta son que entre 1987 y 1990 sólo tres películas anglocanadienses ganaron más de 500 mil dólares canadienses (Black Robe, Deadringers y Jesus de Montréal). En Quebec, sin embargo, las producciones locales tienen mayores ganancias. ¿Será acaso porque la identidad cultural quebequense es más fuerte y, por tanto, se consumen más productos locales?

El mejor vehículo para la exhibición de películas canadienses ha resultado ser la televisión. De hecho, la producción de películas y animaciones para la televisión no sólo es rentable a nivel local sino también para exportación. La producción se realiza tanto con fondos públicos y préstamos del gobierno como con inversión privada nacional y extranjera. La exportación para exhibición en televisión ha aumentado, según Magder, puesto que al existir un mayor número de canales, las audiencias se fragmentan y es necesario tener un mayor número de programas y series.

Vistas estas cifras, ¿ha resultado fructífera la política que impulsó el desarrollo del NFB? Desde un punto de vista sí. En su mayoría, el cine canadiense --ya sea de ficción, ya sea documental, ya de animación-- ha logrado un prestigio basado en su alta calidad; sus directores tienen un estilo identificable; las películas resultan de interés en el plano estético. Sin embargo, resulta imposible luchar contra los productos comerciales de Hollywood que invaden no sólo las pantallas de Canadá sino prácticamente todas las del mundo. El éxito de Hollywood no significa el fracaso de las producciones canadienses. Tal vez tan sólo un triunfo más valedero.

Sugerencias fílmicas localizables en videoclubes mexicanos:

Denys Arcand, Jesús de Montreal.

David Cronenberg, La mosca.

----------- Crash.

Atom Egoyan, El dulce porvenir.

-------- Exótica.

-------- Partes habladas.

 


Notas

[1] Basta con ver cintas mexicanas como Cilantro y perejil o la más reciente Todo el poder para constatarlo.

[2] Para un acercamiento más detallado a estas notas, ver los artículos de Scott MacKenzie y Graciela Martínez-Zalce, "Entre la historia y la ficción: el cine anglocanadiense" y de Scott MacKenzie, "De la colectividad a la comunidad: el cine quebequense y la identidad nacional", en ¿Sentenciados al aburrimiento? Tópicos de cultura canadiense?, México, CISAN-UNAM, 1996, p.175-207.

[3] NFB, por sus siglas en inglés.


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